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Las plantas de biomasa son
centrales térmicas, que
en vez de alimentarse con petróleo,
queman todo tipo de residuos
naturales que no serían
aprovechables de otro modo,
tales como restos de la poda,
cáscaras de frutos secos,
excrementos animales no aprovechables
como abono, madera, ramas o
excedentes de las cosechas.
Un ejemplo interesante en el
mundo de la agricultura española
es el del aprovechamiento del
alperujo (1)
que queda tras la recogida de
la oliva, así como sus
huesos de aceituna provinientes
de las almazaras.
Las plantas de biomasa también
permiten la combustión
de bio-diésel, bio-alcohol
y biogás (2)
, como por ejemplo el metano,
que se genera en grandes cantidades
en los vertederos.
Las plantas de biomasa requieren
de filtros que criban determinadas
emisiones de gases no deseables,
además de arder a temperaturas
muy elevadas (superiores de
900 ¼ C) que consuman dichos
gases.
El uso de biomasa como combustible
supone una importante reducción
de emisiones de dióxido
de carbono, gas causante del
efecto invernadero, a la atmósfera.
(1) El alperujo
resulta ser un combustible
abundante en Andalucía
(y en especial en la provincia
de Jaén).
Tanto el alperujo como los
huesos de aceitunas se compactan
en bloques sólidos
combustibles (Cilindros de
biomasa) listos para ser quemados
en las plantas de generación
de electricidad gracias a
la biomasa.
(2) El biogás
es un combustible surgido
a partir de la biomasa que
suele utilizarse para usos
térmicos o para producir
electricidad.
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